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La Estancia Doble

 

La Estancia Doble nació en 2011 como un proyecto teatral ligado al posgrado de Lenguaje Sensorial y Poética del Juego de la Universitat de Girona, llevado a cabo por Enrique Vargas y los integrantes de Teatro de los Sentidos. Susana Fernández de la Vega González, autora y directora de La Estancia Doble, es Licenciada en Psicología (Universidad Complutense de Madrid), Psicóloga Especialista en Psicología Clínica (vía PIR), Psicoterapeuta (EFPA), psicodramatista, terapeuta de grupos y docente del Postgrado en Poética del Juego y Lenguaje de los Sentidos (Universitat de Girona). Formó parte de la compañía Teatro en el Aire, de Lidia Rodríguez, participando en los espectáculos La Cama y La Piel del Agua en diferentes festivales nacionales e internacionales. En 2011, con La Estancia Doble, estrena el espectáculo Mudanza (Premio Estación Norte al mejor espectáculo de Castilla y León). Ha participado en la creación de montajes realizados por Teatro de los Sentidos (La trastienda, El corazón de las tinieblas). Sigue mostrando sus creaciones (El ser humano perfecto, Por fin, el río), así como desarrollando diferentes talleres acerca del teatro experiencia.

 

La Estancia Doble es un proyecto que pretende investigar las posibilidades del teatro experiencia o la experiencia sensorial. Actores y público comparten un mismo espacio. Los principios son: el juego participante, el lenguaje sensorial y el texto, la poética del espacio y la vivencia de intimidad, la levedad y el uso del silencio y la oscuridad.

Juego. El juego, por definición, es pérdida de tiempo. Es inútil, improductivo. Es un abandono al placer. Y en una sociedad que ensalza lo útil, no tiene un fácil encaje. El juego, a diferencia del hobby, y el jugar, a diferencia del ocio, escapan a la lógica del consumo. El juego, la base sobre la que descansa el teatro experiencia, es un reducto de libertad. En el origen de la palabra experiencia encontramos el significado de arriesgar, pasar al otro lado, atravesar: el ofrecimiento del teatro experiencia es realizar un recorrido a través del juego, que siempre implica un riesgo, que atañe a nuestro cuerpo y su memoria, y que es vivido en la intimidad de un encuentro.

 

Poética del espacio y vivencia de intimidad. En el teatro experiencia, el espacio habitado tiene tanto peso como el actor-habitante. Ambos forman parte de una misma cosa: el espacio sería una extensión del habitante. En el encuentro entre habitantes e invitados se evocan imágenes vivas de la intimidad, del secreto, de lo oculto, en contraste con la tendencia a la sobre exposición y a espectacularización de la vida privada.

 

Lenguaje sensorial y memoria del cuerpo. La palabra y la imagen pueden pasar a un segundo plano, para que la comunicación corporal y sensorial puedan tener más relieve. Las imágenes visuales nos invaden, a tal punto que se ha hablado de “tiranía de lo visual”. La vista es un sentido de la distancia, y va cobrando cada vez más importancia en detrimento de otros sentidos de la proximidad, como el olfato o el tacto.

 

Levedad. Vivimos en una época densa, saturada de significados, atiborrada de imágenes, de excesos, de demasiados aspavientos. Levedad sería lo contrario a todo eso. La levedad es necesaria para compensar los excesos histriónicos del teatro.

 

Silencio y oscuridad. Frente la invasión de la luz, encontramos las preguntas que genera la sombra. La oscuridad y el silencio nos dejan a solas con nosotros, nos presentan a nuestros fantasmas y deseos.

 

Esto no es teatro. “Un día sentimos la necesidad de eliminar la noción de teatro (un actor frente a un espectador) y lo que quedaba era la noción de encuentro” (Grotowski). Se persigue la emancipación del teatro experiencia de una relación de subordinación entre actores y espectadores, del sometimiento narrativo del público, para invitar a un encuentro lúdico. Se confía en el poder transformador del teatro experiencia en su aplicación a otros ámbitos (como a la salud mental), a otros territorios, a otros escenarios.

 

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